Tesis Docencia Docencia Caverna del Trol

Principal

¿Por qué Trol?

John Bauer - 1915

 
Un Troll, según la tradición escandinava y nórdica, es un ser que viven en lugares apartados, montañas o zonas desoladas y, aunque no necesariamente, es un ser diferentes a los humanos y de apariencia variada, pero generalmente no agradables a la vista. Fuertes, longevos y no particularmente inteligentes, aunque al parecer si tiene un temperamento irascible y conviene no fraternizar mucho con ellos. Como se les asocia con ciertas características orográficas de formas particulares y de grandes dimensiones se cree que los Trolls se vuelven piedra al contacto con la luz solar, por lo que es lógico suponer que durante el día se esconden en cuevas, grutas u otros antros.
 
 
Uno de mis escritores favoritos J.R. Tolkien retoma para su mundo fantástico de Tierra Media el personaje de los Trolls y él sí los describe como gigantes de fuerza sobrehumana, no muy inteligentes aunque son capaces de vivir en pequeñas sociedades y confeccionar utensilios y armas sencillas pero contundentes.  Para Tolkien efectivamente se convierten en piedra a la salida del Sol, como Bilblo y sus acompañantes Enanos descubrieron para su beneficio en un relato contenido en uno de los capítulos de “el Hobbit”, aunque los Trolls aparecen en varios relatos de la Tierra Media, uno de los cuales el que describe al imponente y tenaz Troll de la hipogeo de Moria.

Mi apodo, obtenido en la secundaria, no proviene exactamente de ésta tradición septentrional o del análisis de la obra de Tolkien, sino de una caricatura ochentera de cortísima duración que modificó la tradición en seres ciertamente raros y diversos en apariencia pero contradictoriamente pequeños, como los gnomos, pixies o hadas: los Trollkins. En alguna fiesta adolecente (después de beber mucho y tratar de dormir en un cojín) alguien hizo el favor de comentar mi semejanza física y de comportamiento con un Trollkin, lo que causó aceptación inmediata, pero poco a poco fue deformándose el apodo hasta llegar, en pocos meses, sólo a “Trol” (castellanizado con una sola L para no confundir pronunciación). Dado que básicamente nadie en mi prepa conocía bien la tradición escandinava o las referencias de Tolkien, a mi me pareció particularmente irónico que un apodo que pretendía enfatizar mi estatura (1.62 m) y poca corpulencia (en aquellas épocas era yo flaquillo) terminara haciendo referencia a un gigante de fuerza sobrehumana, así que con gusto adopté el apodo, no haciendo demasiado énfasis en que quizás el aspecto sobre mi posible semejanza en proceder durante las fiestas siga, a la fecha, algo similar a de la tradición y a la caricatura. También me gustó que se aplicara en mi apodo una versión fáctica del “uno no es lo que aparenta” y continuando con la tradición de literatura fantástica, pero esta vez de Ursula K. Le Guin, la gente conoce uno, quizás dos nombre de las personas y las cosas, pero nadie, de principio, conoce el verdadero nombre de algo o alguien, ya que ello les conferiría poder sobre él, así que todos creen saber mi nombre, pero Pablo o Trol, son sólo algunos de de mis apelativos vulgares, el verdadero, el que contiene mi esencia, está escondido en lo profundo de la caverna.

Imagenes: Troll's and princess - John Bauer - 1915, A Song in the Trollshaws – Ted Nasmith y Trollkins - Hanna Barbera.

 

 



Historia de la Página

Derechos no reservados   •  Contacto: comentarios@eltroldesdesucaverna.com.
Diseño y Desarrollo del sitio   •   Diseño cabeceras: Edith López Ovalle